Falta de Fe

¿Qué nos pasó Prometeo?

¿Qué sucedió con nosotros desde el regalo divino?

Los gases del pozo de Darvaza siguen ardiendo

y solo así es que sabemos que no son las escaleras del infierno.

Volamos en Zepelín al cielo,

pero nuestro afán por tocar las estrellas

lo pinchó trayéndonos de regreso

al desierto de la fe.

Llegó la ciencia con sus dos mil años de retraso,

para hablarnos de más de tres millones de mariposas,

y con guerras, marcapasos y anestesia,

comenzamos a olvidar aquello que es capaz de mover montañas.

No hablo de caballos de fuerza,

hablo de la capacidad de ver,

de beber el jugo de la vid sin miedo al pecado,

y volver a caminar entre los muertos,

poniendo los pies en el agua sin que las algas los envuelvan y nos ahoguen en el fondo de ojos sin luz.

De sentir el calor nuevamente en el hogar,

sin tener que buscar en prostíbulos o templos,

que baste con mirar sonreír a un niño,

o escuchar el canto del gallo a las cinco de la mañana.

Todo lo que hace falta en este mundo de créditos y bambús satisfechos,

es

fe…

Incluso esa que buscas en el boleto de lotería,

al recibir dos juguetes en el empaque de cereal,

o un dulce gratis en la máquina expendedora,

esa fe en que, a pesar del frío de la tormenta,

el sol llegará para secar nuestras lágrimas con su pañuelo de luz.

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