8 de marzo: el día de la presencia antes de la ausencia.


Creo en el amor, creo en la paz, creo en la igualdad, creo en la justicia…pero sé que todo ello se logra a través de un cambio de conciencia, el cual se está logrando. Hoy millones de mujeres marchan, gritan, cantan, lloran, destruyen, crean, se mueven, se abren, se derrumban; el eco de libertad, igualdad y fraternidad, viaja en el viento desde antes de los ideales de la revolución francesa y la revolución rusa. El mensaje es claro «no callaremos, no nos someterán, no nos violentarán». ¿Cómo es posible que después de tantos años, aún no se logre el equilibrio en nuestra sociedad? no podemos esperar a que llegue, debemos generarlo, debemos apoyarlo, debemos nutrirlo. Las mujeres están haciéndose escuchar, notar, sentir, ya que no lo hemos percibido en su ausencia día a día: desaparecen, las raptan, las venden, las violan, las matan…¿y nosotros qué estamos haciendo? por supuesto que esto pasa en todos los estratos, niveles y ante la población general: hombres, niños, ancianos, comunidades vulnerables, nadie está exento. Pero hoy el grito de la tierra resuena, la energía femenina no es pasiva, nunca lo ha sido, es la creadora del universo, de ella nos alimentamos, de ella nos proveemos, de ella venimos. La mujer es la forma encarnada de Dios, es la única que, como la divinidad, crea vida, así entonces, estamos matando a la vida misma, al ignorarlas, al subestimarlas. Que no solo retiemble, que todo se mueva, que se caiga, que se destruya, así como la furia de la diosa Kali, que despertemos ante la indiferencia, ante la falta de empatía, ante el miedo, el rechazo, ante una sociedad enferma. El 90% de mis estudiantes son mujeres, vengo de una familia de mujeres, y así como muchos, he visto en primer orden la inseguridad con la que viven por ser mujeres ¿qué falso derecho y privilegio nos ha hecho creer que somos superiores como hombres? nosotros también somos parte del problema sí pensamos de esa manera, cuando entendamos en nuestro corazón que nadie es superior a nadie, que todos debemos gozar de los mismos derechos y privilegios, que está bien reír, sentir, llorar, amar, fallar, entonces seremos más humanos, debemos aprender que ser mujer no es una debilidad, sino todo lo contrario, es la más grande de las fuerzas creativas y constructivas que hay. Bendice a cada una de las mujeres que te rodean, pues gracias a su vientre, su amor y protección, hoy estamos aquí. Nos hemos perdido, hemos olvidado, pero podemos reencaminarnos, el cambio es urgente, y se puede empezar de inmediato, dejemos de lado la masculinidad herida, el machismo, comencemos a sanar también nosotros. Cuidándolas, protegiéndolas y amándolas, pero sobre todo respetándolas y dejándolas ser, dejándolas libres.
Tú amigo, aprende a sentir,a abrazar, a comunicar, a pedir ayuda, a llorar, pero también aprende a barrer, a trapear, a limpiar, a cocinar, aprende a pedir perdón, pero sobre todo aprende a no herir, insultar, humillar, ofender, violentar…sólo entonces aprenderás a amar, a acariciar, a enamorar, a vivir y dejar vivir, y no te atrevas a poner de pretexto tu pasado herido, de eso deberás encargarte tú; tu presente es tu responsabilidad, haz valer tu voluntad y tu albedrío y ¡despierta! ¡cambia! ¡se mejor persona! ¡se más humano!
Hoy, ayer y siempre apoyaré a la mujer, porque son mis hermanas, mi madre, mis hijas, mi pareja, hoy y siempre lo haré porque estoy conformado de esa energía, es mi espejo, reconozco mi energía femenina y la honro, por eso puedo hacerlo con ellas. Sin embargo no es suficiente, hace falta que todos lo hagamos, hace falta que todos lo creamos, que nos unamos, que se pare el mundo, y si para ello hace falta otra revolución, que así sea.
8 de Marzo de 2020

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